València, laboratorio político . Entrevista con el alcalde Joan Ribó

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@CompromisVLC

CLAUDIO MADRICARDO
València, la tercera ciudad más importante de España, ha vivido el pasado año la resonante victoria de Joan Ribó. Encabezando una coalición que incluye  Compromís, PSOE y Valencia en Comú, Ribó puso fin  a 24 años de poder indiscutible de Rita Barberá. Lo entrevistamos a una distancia de poco más de un año desde  el cambio histórico. (versione italiana)

En junio de 2015, el desplome del PP cede el poder  territorial a la izquierda. ¿Que ha significado el largo reinado de Rita Barberá para la ciudad de València?
Barberá, afortunadamente, es el pasado. No lo digo por ella personalmente, sino por una forma de gobernar autoritaria, prácticamente despótica, derrochadora y, según vemos estos días, también oscura; muy oscura. La ciudadanía expresó en las urnas su rechazo a esta manera de gobernar, y por eso, desde un principio, nos hemos esforzado por plantear un estilo ampliamente participativo: tenemos claro adonde queremos llegar, pero no queremos ni debemos hacerlo de espaldas a la ciudadanía. Por eso hemos implementado por primera vez presupuestos participativos, o incluso abrimos a los vecinos y vecinas de la ciudad los proyectos de líneas de autobús, por ejemplo. Por otra parte, estamos haciendo en nuestras acciones de gobierno un ejercicio de transparencia absoluta y, por supuesto, cada céntimo gastado no se va a lujos del alcalde, ni a pagar caprichos de amiguetes, tal y como hizo Barberá en su momento.

Usted es unos de los referentes en España de los nuevos alcaldes surgidos tras el 15-M. ¿Cómo ha nacido Compromís, cómo ha actuado en el teritorio, y al final, cómo pudo llegar a formar gobierno con PSOE y València en Comú (Podemos)?
Vayamos por partes… El 15M fue un movimiento precisamente apartidista y eso fue en sí mismo algo bueno, porque permitió pensarse y repensarse sin condicionamientos previos. Compromís ya existía cuando estalló la indignación en toda España, también en València. De hecho, desde Compromís quisimos ser absolutamente respetuosos y no cometer ninguna injerencia en el movimiento ciudadano, pero sí es cierto que para una gran mayoría de personas Compromís representó el hartazgo de la gente corriente frente a los comportamientos despóticos de buena parte del espectro partidista del momento.

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Compromís es la suma de personas diversas, procedentes de ámbitos y discursos distintos… y frente al discurso único que muchos partidos políticos quieren defender, nosotros siempre hemos optado por la pluralidad. Sí, venimos de la tradición ecologista, de la tradición de una izquierda renovadora, de la tradición valencianista… y estamos muy contentos de poder aunar todos los valores que representan bajo un mismo paraguas: bajo una herramienta que sólo es útil en la medida en que representa a la ciudadanía y quiere llevar a cabo políticas que favorezcan a la mayoría ciudadana, tantas veces silenciada.
Precisamente esta singularidad, junto con nuestro afán por denunciar la corrupción, fue lo que atrajo a los votantes hasta consolidarnos como primera fuerza política en València. Ello, junto con la necesidad de cambio en esta ciudad, favoreció que el PSOE y València en Comú se sumaran al proyecto de modernización y apertura que estamos llevando a cabo en València.

La epoca de Rita Barberá es la época de una València de Fórmula 1 y Copa América, o sea de gastos públicos. ¿Esto se acabó?
Vamos a ver, los gastos públicos són lógicos siempre que beneficien al conjunto de la ciudadanía; lo que no tiene ningún sentido es que la Copa América nos dejara una deuda de 400 millones de euros, o que el desastre de la Fórmula 1 lo tengan que pagar los ciudadanos y ciudadanas. A mí los eventos no me parecen mal por sistema, pero prefiero invertir en primer lugar en aquello que de verdad afecta al día a día de los valencianos. Si de un gran proyecto la ciudadanía saca beneficio, me parece estupendo, pero lo que no podemos hacer es dejar una ciudad raquítica de infraestructuras y servicios, y encima con una deuda multimillonaria para que los amiguetes de los poderosos puedan hacer el gran negocio. Así, conmigo, no funcionan las cosas.

Entre otros problemas dejados por Barberá, queda el tema de la antigua zona de regatas de la Copa América. Usted, rechazando una oferta inversora, declaró que no quiere transformar València en Las Vegas y que tiene una idea de desarrollo alternativo. ¿Podría explicar  su proyecto?
El proyecto supuestamente inversor al que usted se refiere decayó por varios motivos. En primer lugar porque no pudieron asegurar su solvencia frente a las instituciones ante las que debían rendir cuentas, y en segundo lugar porque pretendían privatizar toda una área de la ciudad cambiando incluso la legislación vigente. Y no, València no está en venta. Los inversores son muy bienvenidos en nuestra ciudad, pero los inversores de verdad: los que generan riqueza para la ciudad. Además, nuestro modelo pasa por abrir los espacios como este en la ciudad a los barrios más próximos y, en general, que pasen a convertirse en un lugar de referencia con contenedores culturales y de emprendimiento empresarial, que dinamicen la economía de estos barrios de la fachada marítima de València, que hasta ahora han sido tan maltratados. València es una joya de ciudad, y su fachada marítima también. Alguien se empeñó en utilizarlos para especular, pero esto ha cambiado: la ciudad es de sus vecinos y vecinas.

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¿Cómo puede gobernar con los socialistas que han sido críticos acerca de la pretendida inversión de Singapur en la zona de Marina Real, y que defienden “el bou embolat” y “el bou en corda” como tradiciones populares?
Como casi todo en la vida, esto también está lleno de matices. En el PSOE no todo el mundo piensa de la misma manera, sino que hay voces con planteamientos distintos. Como alcalde tengo muy claro que debo preservar la pluralidad de mi gobierno, y esto pasa por hablar, dialogar y negociar con mis socios. Tender puentes es muy necesario y en política, demasiadas veces, se aplica “el rodillo” de las mayorías. No es mi estilo. Prefiero convencer antes que vencer. Por eso, sin renunciar a los valores que ha de definir a un gobierno progresista, hemos negociado entre los socios de gobierno cómo proteger la integridad de los animales en nuestra ciudad, o cómo evitar los errores del pasado con inversores fantasma.

¿Cuán importante es la participación de los vecinos en su sistema de gobernar? O más bien… ¿cuál es su sistema de gobierno?
Te lo comentaba antes, nuestra manera de entender la política no es la de un partido que ansía el poder y perpetuarse en dicho poder. Los partidos políticos, desgraciadamente en demasiadas ocasiones, se habían convertido en máquinas generadoras de clientelismo, en que lo importante era llegar al poder para poder coparlo con gente afín. Hemos roto con ello. Nuestro deber es rendir cuentas diariamente con la ciudadanía en asuntos de limpieza, de movilidad, de generación de empleo y de cultura… por eso, la participación es una manera de control ciudadano sobre la acción de gobierno: no puedes entretenerte en crear redes clientelares si tienes a tus vecinos controlando en qué gastas el dinero público y cómo lo gastas. Esa es una de nuestras claves de gobierno. Además, he de decir que apuesto firmemente por limitar los mandatos de las personas al frente de las instituciones, de manera que no se alarguen más de dos legislaturas. Romper con el clientelismo y las prácticas corruptas redunda en el beneficio colectivo de la ciudad.

Usted ha sido criticado por la derecha por su política respecto a los símbolos religiosos y por su apoyo al desfile de las Magas de Enero, retomado desde los tiempos de la República. ¿No cree que después de tantos años desde el final de la guerra civil, València, y sobre todo España, debería mirar hacia adelante dejando  atrás el pasado?
Por supuesto, València debe mirar hacia el futuro, pero sin pisotear el presente y sin olvidar su pasado. Mire, este año València cumple el 80 aniversario como capital de la Segunda República Española. ¿Debemos hacer como si esto no hubiera sucedido? Claramente se trata de un hecho histórico objetivo, y debe ser un orgullo recordar que un día nuestra ciudad fue la capital del Estado. En el mismo sentido, tampoco sería bueno perpetuar los tabús, como el de la guerra civil o la dictadura franquista. Ello no significa obsesionarse por estos asuntos, pero desde luego, los que estamos con la democracia debemos defender los valores democráticos y rechazar las dictaduras, obviamente también la que vivimos aquí. El desfile de las Magas de Enero fue una iniciativa de una asociación privada que respetamos y acogemos en nuestra ciudad, de la misma manera que acogimos el encuentro de jóvenes cristianos de Taizé por las mismas fechas, por ejemplo.
En cuanto a los símbolos religiosos, como alcalde es mi obligación respetar a los católicos, a los musulmanes, a los judíos, a los evangelistas, a los agnósticos, a los ateos… Las instituciones no deben tomar partido por ninguna religión, porque son de todos y todas. Ello no quiere decir que no pueda participar en actos tradicionales de la cultura popular valenciana, muchos de ellos con raíces religiosas, pero desde luego un alcalde no está para presidir procesiones, sino para presidir los plenos de su Ayuntamiento.

¿Después de un año de gobierno de la ciudad, cuáles son los resultados de que se siente orgulloso, y cómo se ha transformado su programa original?
A ver… [piensa durante unos segundos]. De lo que más orgulloso me siento de este primer año destacaría la apertura de los comedores escolares para los niños y niñas en verano, haber evitado desahucios por impago de hipotecas, así como haber asegurado que a ninguna familia se le corte la luz o el agua por no poder pagar sus facturas. Creo que las cosas más básicas son las que hacían más falta: ¿cómo podría alguien gastarse miles de euros en recepciones oficiales mientras hay niños que en verano no tienen asegurada una comida al día? En cuanto al programa electoral con el que nos presentamos a las elecciones, debo reconocerle algo que me agobia bastante: los tiempos tan lentos con los que se mueve la administración. Tenemos ansias y capacidad para cambiar las cosas que no funcionan, pero los ritmos son los que son. ¿Es un impedimento que debo asumir? Tampoco lo creo, por eso hemos iniciado un plan de modernización de la administración que espero que dé sus frutos pronto.

Claudio Madricardo

@claudiomadricar

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